Els quinze llinatges

Pomar

El apellido Pomar pertenece al grupo de los quince llinatges, los apellidos que en Mallorca quedaron estigmatizados durante siglos por su asociación con la comunidad de conversos de origen judío, conocidos localmente como xuetes. Este listado de familias, fijado en la práctica social y en los registros inquisitoriales a lo largo de los siglos XVII y XVIII, incluía nombres como Aguiló, Bonnín, Cortès, Fortesa, Fuster, Martí, Miró, Picó, Pinya, Pomar, Segura, Tarongí, Valentí, Valleriola y Valls. No todos ellos tienen un origen inequívocamente hebreo, pero sí compartían el peso de una memoria colectiva impuesta desde fuera que los marcó como diferentes dentro de la sociedad mallorquina cristiana.

En cuanto a su etimología, Pomar es un apellido de raíz romance, concretamente del latín pomarium, que designaba un huerto o plantación de frutales, especialmente de manzanos. Este tipo de topónimos y apellidos eran muy comunes en la Corona de Aragón y no tienen en su origen ningún carácter específicamente judío. De hecho, muchos conversos mallorquines adoptaron o conservaron apellidos de aspecto completamente cristiano o catalán tras las conversiones forzadas de 1391 y los años posteriores, cuando las comunidades judías de la isla fueron destruidas o bautizadas por la violencia. El apellido no delataba por sí mismo una ascendencia, pero una vez incluido en la lista negra de los llinatges, se convirtió en marca indeleble.

La historia de los xuetes está ligada directamente alCall, el barrio judío de Palma de Mallorca, que fue arrasado durante los pogromos de 1391. Los supervivientes que aceptaron el bautismo quedaron en una situación ambigua: oficialmente eran cristianos, pero la sociedad insular y la Inquisición los vigilaban de cerca, sospechando de la sinceridad de su conversión. Las familias Pomar, como el resto de los llinatges, fueron en buena medida obligadas a vivir en un espacio social propio, concentradas en determinadas calles de Palma, con acceso restringido a gremios, cargos eclesiásticos, militares y civiles. Los autos de fe del siglo XVII, especialmente los de 1691, que fueron especialmente brutales, dejaron una huella traumática en estas familias y consolidaron su segregación durante generaciones.

Dentro de esa comunidad estigmatizada, los Pomar compartieron con el resto de los xuetes una forma particular de cohesión interna. Al no poder casarse fácilmente fuera de los llinatges, al tener vedadas tantas salidas sociales y profesionales, estas familias desarrollaron redes de solidaridad, especialización en ciertos oficios como la platería, el comercio y la confección, y una identidad propia que, paradójicamente, preservó su diferencia a lo largo de los siglos. No se trataba de una identidad judía en sentido religioso, ya que el judaísmo público había desaparecido de Mallorca, sino de una memoria de origen y de una marginación compartida que funcionaba como vínculo.

La situación legal de los xuetes no comenzó a cambiar de manera significativa hasta el siglo XVIII, cuando los Borbones introdujeron algunas reformas que atenuaron las discriminaciones más formales, aunque la estigmatización social persistió con notable fuerza hasta bien entrado el siglo XX. En el caso de los Pomar, como en el de los demás apellidos señalados, el simple hecho de portar ese nombre seguía siendo motivo de exclusión en ciertos ámbitos de la vida mallorquina incluso en tiempos relativamente recientes. La endogamia forzada durante siglos hizo que estos apellidos permanecieran muy concentrados en Mallorca, con una distribución geográfica que todavía hoy refleja esa historia singular.

Hoy, el apellido Pomar forma parte de una historia que Mallorca ha comenzado a abordar con mayor honestidad y reconocimiento. Las comunidades de descendientes de xuetes, incluyendo familias de apellido Pomar repartidas por la isla y por la diáspora, han sido objeto de estudio académico y de iniciativas de memoria histórica. Algunas personas de este origen han explorado o formalizado vínculos con el judaísmo, mientras que otras simplemente reivindican el conocimiento de su pasado como parte de la identidad cultural de Mallorca. En cualquier caso, el apellido Pomar, como los demás llinatges, ya no es solo una marca de estigma, sino también un testimonio de supervivencia y de la complejidad de la historia judeoconversa en el Mediterráneo occidental.

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