Segura
El apellido Segura pertenece al conjunto de los quince llinatges, es decir, los quince apellidos que la sociedad mallorquina identificó históricamente con los descendientes de los judíos conversos de la isla, conocidos localmente como xuetes, término derivado probablemente del vocablo hebreo xua o de la palabra mallorquina para referirse a los que portaban el escapulario o sambenito tras las condenas inquisitoriales. Estos quince apellidos —entre los que figuran Aguiló, Cortès, Fortesa, Martí, Miró, Picó, Pomar, Segura, Tarongí, Valleriola, Valls y otros— fueron fijados socialmente a lo largo de los siglos XVII y XVIII como marcas de infamia colectiva, convirtiendo el linaje en una suerte de condena hereditaria que no dependía de la conducta individual sino del mero origen genealógico.
El apellido Segura, de raíz latina y castellano-aragonesa, significa en su sentido más directo algo así como "lugar protegido" o "sitio seguro", derivado del latín securus. Es un apellido geográfico y de lugar que se documenta en la Península Ibérica desde la Edad Media, asociado en ocasiones a topónimos como el río Segura o localidades del Levante español. En el contexto judeoconverso mallorquín, como ocurre con muchos apellidos de los xuetes, su origen no es hebreo sino que refleja el proceso de adopción de nombres castellanos o catalanes que impusieron o facilitaron las conversiones forzadas de finales del siglo XIV y, sobre todo, tras el decreto de expulsión de 1492. Las familias judías de Mallorca, cuya presencia documentada en la isla se remonta al menos al siglo XIII, tomaron apellidos del entorno cristiano que en muchos casos pervivieron luego como señales de identidad diferencial.
El episodio histórico que más marcó a las familias xuetes, incluyendo a las portadoras del apellido Segura, fue la gran oleada represiva inquisitorial de finales del siglo XVII, conocida en la isla como el período de las quemaciones, que culminó en los grandes autos de fe de 1691. En aquellas ceremonias públicas fueron condenados, algunos en efigie y otros en persona, numerosos conversos mallorquines acusados de judaizar en secreto, es decir, de mantener prácticas religiosas judías de manera clandestina. Las consecuencias sociales fueron devastadoras y duraderas: los apellidos de los condenados quedaron grabados en listas públicas, sus sambenitos colgaron en las iglesias como advertencia perpetua, y sus descendientes vieron cerradas durante generaciones las puertas de los gremios, los cargos públicos, el ejército y los matrimonios mixtos con la población cristiana vieja. El apellido Segura quedó así asociado a ese estigma colectivo que la sociedad mallorquina reprodujo socialmente hasta bien entrado el siglo XX.
La vida de las comunidades xuetes se desarrolló durante siglos en un espacio geográfico y social muy delimitado dentro de la ciudad de Palma. El barrio conocido como el Call, o más precisamente las calles del entorno de la parroquia de Santa Eulàlia y la zona popularmente llamada la Gerreria, concentraba a las familias de los quince llinatges, que entre sí se casaban mayoritariamente por la dificultad de contraer matrimonio fuera de su grupo. Esta endogamia forzada, lejos de ser una elección cultural libre, fue una consecuencia directa del rechazo social exterior. Dentro de esa comunidad, las familias Segura participaron del tejido económico xueta, orientado hacia el comercio, la platería, los oficios artesanales y más tarde las profesiones liberales, sectores en los que los conversos mallorquines desarrollaron una notable actividad a pesar de las restricciones que sufrían.
La discriminación hacia los xuetes comenzó a erosionarse formalmente con las reformas ilustradas del siglo XVIII y las disposiciones de la época borbónica que intentaron equiparar legalmente a los conversos con el resto de la población, aunque en la práctica los prejuicios sociales persistieron con notable tenacidad. Durante el siglo XIX y el XX, las familias de los quince llinatges, incluidas las Segura, fueron integrándose progresivamente en la sociedad mallorquina más amplia, con matrimonios mixtos cada vez más frecuentes y una incorporación plena a la vida profesional, académica y política de la isla. Sin embargo, la memoria del estigma tardó mucho en desvanecerse, y hay testimonios de personas mayores que recuerdan haber experimentado discriminación por su apellido en pleno siglo XX.
Hoy el apellido Segura en Mallorca forma parte de esa memoria histórica compleja que la sociedad de las Islas Baleares ha ido recuperando y revalorando desde una perspectiva más justa y comprensiva. Investigadores, instituciones culturales y las propias comunidades de descendientes han trabajado en las últimas décadas para documentar la historia de los xuetes no como un estigma sino como un patrimonio de resistencia, supervivencia y identidad. Algunos descendientes de familias xuetes han encontrado en el movimiento internacional de recuperación de la memoria sefardí un espacio para explorar sus raíces, e incluso hay quienes han emprendido procesos formales de retorno al judaísmo. El apellido Segura, como los demás llinatges, es hoy un testimonio vivo de siglos de historia mediterránea, de la violencia de la intolerancia religiosa y también de la extraordinaria capacidad humana de preservar una identidad bajo las condiciones más adversas.