Els quinze llinatges

Valentí

El apellido Valentí pertenece al conjunto de los quince linajes que la sociedad mallorquina identificó históricamente con los descendientes de los judíos conversos de la isla, conocidos como xuetes, término derivado probablemente de la palabra "jueu" (judío en catalán). Estos quince apellidos —entre los que figuran Aguiló, Bonnín, Cortès, Fortesa, Fuster, Martí, Miró, Picó, Pinya, Pomar, Segura, Tarongí, Valleriola, Valls y el propio Valentí— funcionaron durante siglos como marcas de estigma social, convirtiendo el nombre de familia en una especie de señal visible de ascendencia judía ante el resto de la población mallorquina. El origen del apellido Valentí es de raíz latina, derivado del nombre personal Valentinus, relacionado con la voz latina valens, que significa "fuerte", "sano" o "vigoroso". Se trata, por tanto, de un apellido de origen hagiónimo, vinculado a san Valentín, y no de un apellido de raíz hebrea o árabe, lo cual es perfectamente coherente con el proceso histórico de conversión forzada, pues los judíos bautizados adoptaron nombres y apellidos del santoral cristiano como estrategia de asimilación y, en muchos casos, de supervivencia.

La presencia del apellido Valentí en la comunidad judeoconversa mallorquina se inscribe en el traumático proceso iniciado con los pogromos de 1391, cuando las presiones populares y la violencia obligaron a miles de judíos de toda la Corona de Aragón a recibir el bautismo. En Mallorca, la comunidad judía —el Call de Palma— fue sometida a una presión extraordinaria y muchos de sus miembros se convirtieron, recibiendo apellidos nuevos que los integraban nominalmente en la sociedad cristiana. Décadas después, en 1435, un segundo ciclo de conversiones masivas terminó por vaciar formalmente el Call mallorquín. Las familias que cargaron con el apellido Valentí desde entonces quedaron atrapadas en una paradoja: eran cristianos de pleno derecho según el sacramento, pero la memoria colectiva de la isla nunca los consideró del todo iguales al resto de la población. La Inquisición mallorquina procesó a miembros de distintos linajes xuetes a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII, y el auto de fe de 1691 —conocido popularmente como el "cremar dels xuetes"— supuso el momento de mayor persecución y humillación pública para estas familias.

Durante los siglos posteriores, los xuetes en general, y los Valentí entre ellos, vivieron en una situación de segregación no siempre codificada en leyes pero sí profundamente arraigada en las costumbres. Tenían vedado el acceso a determinadas cofradías, gremios, cargos eclesiásticos y militares, y en muchas localidades de la isla se les confinaba socialmente en barrios determinados de Palma. El matrimonio entre xuetes y "cristians vells" era excepcional y socialmente penalizado. Esta segregación persistió con notable tenacidad mucho más allá de la abolición formal de las discriminaciones legales a finales del siglo XVIII y durante el siglo XIX, lo que convierte el caso mallorquín en uno de los ejemplos más prolongados y documentados de estigmatización de una minoría conversa en toda Europa occidental.

En el plano de la identidad y la memoria, el caso de los xuetes mallorquines resulta singular porque la transmisión del apellido mantuvo viva, involuntariamente, una continuidad identitaria que en otras comunidades de anusim se diluyó por completo. Los Valentí, como los demás linajes xuetes, supieron quiénes eran aunque durante generaciones no pudieran ni quisieran nombrarlo en voz alta. A lo largo del siglo XX, con el surgimiento de los estudios sobre las comunidades conversas y el interés renovado por la historia sefardí, muchas familias de estos linajes comenzaron a explorar su herencia con mayor libertad. Investigadores como Baruch Braunstein, Lionel Isaacs o, más adelante, Miquel Forteza o Francesc Riera Montserrat contribuyeron a documentar esta historia con rigor y sensibilidad, devolviendo dignidad académica a lo que la propaganda inquisitorial había cubierto de infamia.

Hoy, el apellido Valentí sigue existiendo en Mallorca y entre la diáspora mallorquina, y forma parte de un patrimonio histórico que la sociedad de las Islas Baleares ha ido reconociendo paulatinamente. Desde las últimas décadas del siglo XX, y de manera más visible en el siglo XXI, ha crecido el interés por recuperar la memoria de los anusim mallorquines no como estigma sino como historia legítima y valiosa. Algunas familias de estos linajes han explorado incluso vínculos con el judaísmo, y la comunidad judía de Mallorca ha acogido en distintos momentos a personas de apellidos xuetes que deseaban reconectar con esa herencia. El apellido Valentí es, en ese sentido, mucho más que un nombre de familia: es un fragmento de historia viva que recorre, desde el siglo XV hasta el presente, el camino complejo y doloroso de una comunidad que sobrevivió al bautismo forzado sin perder del todo la conciencia de su origen.

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